A este foro que hoy termina acudí en mi condición de Periodista que tiene la corresponsalía en Honduras del Portal de Enlace Académico y como hondureña, es decir, una mezcla de racionalidad e identidad nacional, de pensamiento y emoción. Desde ambas aprecie las diferentes contribuciones que hubo estos días. Me consta que no es fácil comprender la complejidad del conflicto que vive mi país; es como un juego de espejos donde unos reflejan la coyuntura y otros el escenario de fondo. ¿Con cuál imagen nos quedamos? El de la coyuntura parece encontrar una solución en el acuerdo político, pero el que está en el escenario de fondo es político, social, económico y cultural. Comprenderlo reta al debate, pero el debate todavía no está presente y cuando aparece muestra sus limitaciones. Nuestro debate, el nacional, aún no llega; hay esfuerzos que precisamente se evidencian en las informaciones que el Portal divulga, pero todavía son escasos, y a menudo afrontan opiniones en las cuales la virulencia ideológica se impone a los hechos y a la academia. A mí me sorprende que profesionales de las ciencias sociales que debieran estar al tanto de la historia del país y sus paradojas, escriban como cualquier activista, repitiendo el discurso que desde el poder, en esta caso golpista, se difunde a través de unos medios masivos de comunicación que incomunican. No se trata de asumir que la verdad es única y está de un solo lado, pero sí de reclamar que los que acuden a debatir lo hagan calificando sus propios argumentos, no descalificando, sin base, los de los otros. Todavía en Honduras no logramos desentrañar públicamente el fondo de esta crisis, no nos damos cuenta de lo que se ha desplomado y lo que debemos entender por el cambio necesario e impostergable. Para las Ciencias Sociales lo que ocurre en Honduras es una veta para el nuevo re-conocimiento latinoamericano. Muchos temas quedan en el tintero: cómo sobrevive un sistema político bipartidista (nacido hace más de un siglo) que asumió la intermediación entre la ciudadanía y el Estado no para impulsar reformas, sino para frenarlas; qué pasa con la Gobernabilidad del Estado cuando se pacta a partir del irrespeto de las leyes, no de su vigencia; qué ocurre con una oposición política creada a imagen y semejanza del tradicionalismo, pero con la particularidad de renunciar al acceso al poder y sustituirlo por merodear el poder; cómo se construye un foso enorme entre la ciudadanía social y la ciudadanía política. Hay otros temas: el papel de los medios, por ejemplo, que voluntariamente renuncian a todos los cánones profesionales y éticos; el de las Fuerzas Armadas, que siguen ancladas en los paradigmas de la guerra fría; el de la clase empresarial que captura al Estado; el de la comunidad internacional que acude al conflicto pero sin asumir responsabilidades en el mismo; el de una democracia fallida, que debiera desarrollarse como concepto paralelo o complementario al de Estado fallido…en fin, que partiendo de la emotividad yo quiero un acuerdo que concluya este capítulo histórico tan siniestro; pero desde la racionalidad entiendo que la solución va para largo porque a la negociación política no la complementó una negociación social. Sin embargo, el trauma de los acontecimientos del 28 de junio (con su secuela de muertes, heridos y resentimientos) ha sido tan fuerte que los hondureños y hondureñas parecemos sobrevivientes de un choque automovilístico brutal, de esos que dejan la sensación de que una cosa éramos antes y otra después. Seguro vendrán nuevos debates… tiene que haberlos.