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Honduras: Crecimiento de la agricultura en la segunda mitad del siglo XX y sus perspectivas en el siglo XXI
Lugar y fecha de publicación:Tegucigalpa, noviembre 2008
La extensión territorial de Honduras es de 112,492 km2, con una topografía montañosa y una diversidad en ecosistemas. La configuración geográfica, la dotación de recursos y la vocación natural de los suelos, que suelen ser pobres y frágiles, sobre todo en las laderas, que constituyen el 83% del territorio, hace que el país sea eminentemente forestal. Después de Belice, Honduras es el país con mayor cobertura boscosa en Centroamérica, a pesar de la depredación desmedida de los bosques ocurrida durante los últimos cincuenta años.
Únicamente el 11% del territorio nacional tiene tierras aptas para una explotación eficiente de la agricultura, pero la inequidad en la tenencia de la tierra desde la época colonial, cuando pocas familias se apoderaron de las mayores extensiones y de las tierras más fértiles, dio lugar a una agricultura migratoria de subsistencia donde la mayoría de pequeños productores explotan la tierra de ladera con bajos rendimientos y cuya fragilidad de los suelos y deforestación produce graves daños ecológicos. Esta situación se agudizó con el crecimiento de la población en los últimos treinta años.
La explotación forestal y agrícola del país inició con carácter formal en 1950; antes se caracterizaba por ser primitiva, migratoria, de subsistencia, sin apoyo gubernamental y orientada a satisfacer las necesidades de un mercado cautivo, con excepción del enclave bananero de la Costa Norte del país, en manos de las compañías transnacionales.
En el sector privado, las organizaciones campesinas han desempeñado un papel importante. Surgieron como consecuencia de los conflictos agrarios en el norte (en Guaymas y Guanchías) y en el sur del país, y se organizaron formalmente a partir de la emisión de la primera Ley de Reforma Agraria, en septiembre de 1962. Se constituyeron inicialmente como la Federación Nacional de Campesinos de Honduras (FENACH) y la Asociación Nacional de Campesinos de Honduras (ANACH), para fragmentarse posteriormente en una amplia gama de organizaciones campesinas (Mario Posas, Los actores sociales de la reforma agraria).
Por su parte, los grandes agricultores y ganaderos también se organizaron en defensa de sus intereses, a partir de 1957, con la fundación de la Asociación Nacional de Agricultores y Ganaderos, que en 1966 se convirtió en la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (FENAGH).
Aparecieron además un sin número de organizaciones no gubernamentales (ONG) orientadas al desarrollo rural y agropecuario.
La conclusión sobre el desempeño de la agricultura en la segunda mitad del siglo XX es que hubo avances significativos de una agricultura primitiva y atrasada a una economía moderna de mercado, si bien en forma paulatina y errática. Sin embargo, en el proceso se ha destruido el medio y el principal patrimonio nacional, que es la silvicultura. Además, no se ha resuelto y más bien se agudiza el problema principal del campo: la pobreza y la indigencia rural.
Un docuemto publicado por el Centro de Documentación de Honduras (CEDOH)
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